domingo, 31 de enero de 2016

Plegarias y Meditaciones, 25 de mayo de 1914 Mirra Alfassa (La Madre)




Oh, divino Maestro de amor y de pureza, permite que en la menor de sus etapas, en sus más mínimas actividades, este instrumento, que quiere servirte dignamente, sea purificado de todo egoísmo, de todo error, de toda oscuridad, a fin de que nada en él altere, deforme, detenga tu acción. Cuántos rincones viven todavía en la sombra, lejos de la plena claridad de tu iluminación: para ellos pido la suprema felicidad de esta iluminación.

Oh, ser el puro cristal sin mancha, que deje pasar tu divino rayo, sin oscurecerlo, teñirlo o alterarlo. No por deseo de perfección, sino para que tu obra sea realizada tan perfectamente como sea posible. Y cuando te pido esto, el "yo" que te habla es la Tierra entera, aspirando a ser ese puro diamante, reflector perfecto de tu luz suprema. 

Todos los corazones de los hombres laten en mi corazón, todos sus pensamientos vibran en mi pensamiento, la mayor aspiración del animal dócil o de la modesta planta se une a mi formidable aspiración, y todo ello se eleva hacia Ti, a la conquista de tu amor y de tu Luz, escalando las cimas del ser para alcanzarte, extasiar tu inmóvil beatitud y hacerte penetrar en la sombra del sufrimiento, para transformarlo en Gozo divino, en paz soberana. Y esta presión está hecha de un infinito amor que se da y de una serenidad confiada que sonríe en la certeza de Tu perfecta Unidad.

 ¡Oh, mi dulce Maestro, Tú eres el Triunfador y el Triunfo, el Vencedor y la Victoria!

Plegarias y Meditaciones (Fundación Centro Sri Aurobindo)

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